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Serrat: “Es mucho más instructivo el dolor que la felicidad”

“Yo nací para querer y para que me quieran”, decía Joan Manuel Serrat en marzo en una charla exclusiva con Teleshow en la que adelantaba su próxima gira. Las localidades se agotaron inmediatamente, y lo que comenzó con dos fechas se convirtió en 17 shows que hoy traen nuevamente al país al autor de “Lucía”, “Qué va a ser de ti” y “Pueblo blanco”, entre tantas otras canciones que quedaron marcadas en generaciones completas.

Luego de ser ovacionado en su primer show y a horas de conquistar el teatro Gran Rex con Mediterráneo Da Capo, el músico catalán nos abrió las puertas nuevamente. “En Rosario salió todo muy bien, por suerte, pero siempre queda el gusto de lo que pudo haber sido y no fue, como dice el tango. Espero poder reivindicarme en la próxima”, dice Serrat, disculpándose con el público tucumano por la cancelación que debió realizar por cuestiones de salud.

“Me siento responsable frente a la gente: si no fuera por la gente, yo no tendría interlocutor”, explica el poeta de las pequeñas cosas que festeja en esta gira, en forma anticipada, los 50 años de Mediterráneo, el emblemático disco que estuvo casi un año en la lista de los 10 más vendidos de España, a pesar de la censura en su contra.

—¿Qué queda de aquel que eras en el 71, cuando se editó Mediterráneo?

—Algo quedará, pero no sé si las células actuales respondan a las células de aquel tiempo. Queda lo que sí que me acompaña: una historia que viene desde antes de Mediterráneo y que espero que se prolongue hasta después de hoy.

—La expresión italiana “da capo” significa “volver al principio”. ¿Por qué ese regreso?

—He vuelto por una necesidad emocional. El Mediterráneo es para mí, para los que formamos parte de aquel territorio, un lugar común de vida. Están recibiendo circunstancias y situaciones que no son las más deseables. Históricamente, el Mediterráneo, a lo largo de siglos, ha sido el origen de civilizaciones, de religiones, el origen del pensamiento, del comercio, de la relación entre los pueblos, del intercambio. Y en estos momentos estamos viviendo una época terrible de migraciones. No solamente se produce: hay causas de esas migraciones, y son las guerras, es el hambre, esta gente no tiene dónde refugiarse.

El simple hecho de poder dedicarme a este oficio me hace sentir una persona maravillosamente tratada por la vida

—Hay gente que está muriendo en el intento de cruzar el Mediterráneo.

—Hay muchos que mueren tratando de pasarlo porque evidentemente están empujados a buscar un lugar donde meter sus vidas. En sus orígenes están siendo expulsados, y en la otra parte no se les quiere. Hay una historia realmente tremenda que yo soy partidario de agitarla para que, quizás, hablando de ella y contando, pudiendo tener oportunidad como ahora contigo, y también subiéndome a un escenario, pues pueda sencillamente repasar el pensamiento común, y poder extender esta realidad, que no es la que ninguno de nosotros quiere.

—¿Qué te ha dado el arte, después de 52 años de desarrollo profesional?

—Mucho gusto. Me ha dado mucho placer hacer música y poder tener un oficio con el que me siento amablemente de acuerdo. Otra cosa es hacer las cosas mejor, peor, pero el simple hecho de poder dedicarme a este oficio me hace sentir una persona maravillosamente tratada por la vida.

—¿Alguna vez tuviste la fantasía de abandonarlo?

—Bueno, esto no sería una fantasía; esto, más que una fantasía, sería una situación depresiva. Pero no, he pensado en muchas oportunidades en esta posibilidad, pero no me he dejado nunca seducir por ella.

—El público, agradecido.

—Yo también, por una razón: ya te digo que esto me gusta, pero aparte es un oficio que si cualquier otro oficio exige un estado, exige que la salud te acompañe, en el mío, sin duda, exige disfrutar de buena salud para prolongarlo.

La felicidad son instantes que nos vienen dados muy en cuentagotas

—¿Asusta cuando sucede algo como lo que pasó en Tucumán?

—No, asustarme, no: me apené. Pero estas son situaciones transitorias y sabes que me ha ocurrido muchas veces en mi vida. Solamente se lesiona de la rodilla el que juega al fútbol, ¿no?

—¿Se aprende más de la felicidad o del dolor?

—Sin duda, es mucho más instructivo el dolor que la felicidad. También es mucho más habitual. Yo creo que la felicidad son instantes que nos vienen dados muy en cuentagotas, y el dolor es mucho más genérico. El dolor no nos agrede solamente de dentro hacia afuera, también nos agrede de afuera hacia adentro; mucho.

—Le has puesto voz y letra a los momentos más bellos y más tristes de nuestra vida. ¿Qué se siente con eso?

—Es que uno, para poder escribir sobre cualquier cosa, está viviendo eso. No se puede escribir o componer de una forma determinada si tú no estás metido en una circunstancia que ronda este mundo. Y si no eres capaz de introducirte en ella, ya te digo, aunque no te esté sucediendo, eres capaz de entender cómo puede estarle sucediendo a otra persona.

Cada quien ama a quien quiere, y lo hace como quiere

—Escribiste algunas de las más lindas canciones de amor. Hoy, en este mundo en el que se habla mucho de poliamor y de distintas formas de amar, ¿se podría escribir una canción sobre estas relaciones?

—Un poliamante puede escribir esto (risas). Yo no me meto en estas historias del amor. Creo que hay tanta amplitud, tantas posibilidades como humanidad existe. No se me ocurriría jamás entrar a censurar la más mínima diferencia con mi forma de entender las cosas. Cada quien ama a quien quiere, y lo hace como quiere. Si realmente no somos libres ni siquiera para esto, no sé para qué podemos ser libres.

Por Tatiana Schapiro (Infobae)

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