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Simple exploración o abuso. Cuando el abusador es hermano

Los medios de comunicación contribuyen a llevar los abusos sexuales intrafamiliares, de la esfera privada a la pública. Si bien no puede difundirse información que permita establecer la identidad de las víctimas y esto implica la no difusión pública de la identidad del agresor, es fundamental hablar de la existencia de los abusos sexuales intrafamiliares y de la importancia de romper el secreto y buscar ayuda. Sin embargo, hay un tipo de abusos intrafamiliares del que no suele hablarse: los abusos cometidos por hermanos.

El abuso sexual intrafamiliar se relaciona con problemáticas más amplias, como la violencia de género, la violencia familiar y el maltrato infantil. La legislación, los protocolos e Instrucciones y la propia normativa procesal, conducen a la especialización de la intervención, tanto en el proceso como en la atención a las víctimas.

Cuando el abuso sexual sucede en el interior de la familia, suele tratarse de un tipo de violencia reiterada y sostenida en el tiempo. Algunos autores mantienen que las agresiones sexuales por parte de hermanos son más frecuentes que las cometidas por quienes cumplen otros roles en la familia, pero por condicionantes culturales salen menos a la luz. Supuestos como que “los adolescentes que realizan estos abusos simplemente están experimentando con su sexualidad y de que las interacciones sexuales con sus hermanos pequeños son ligeras variaciones en el proceso natural del desarrollo sexual” (1995, en Cantón y Cortés, 1999, p.192).

Razones como el temor a la estigmatización social o la normalización de este tipo de actos por los adultos responsables, engrosan la cifra negra de situaciones que nunca se denuncian. Como consecuencia, se minimiza le daño producido a la víctima, profundizándolo. Para colmo en estas situaciones suele darse que víctima y agresor son menores de edad, ambos con derechos a la protección para su normal desarrollo. Algunos autores indican que se debe tener presente que  desde los primeros años de vida los niños presentan manifestaciones de sexualidad, por lo tanto es imprescindible respetar las conductas sexuales realizadas por niños/as y entre niños/as con mutuo consentimiento, diferenciándolas claramente de los abusos sexuales cometidos entre iguales.

El ASI

La Lic. Rosa Emilia Giordano describe que el abuso en todos los casos incluye coacción de modo implícito o explicito; la víctima no accede por propia voluntad, el abusador despliega para lograr su cometido una serie de estrategias de atrapamiento. Una de ellas la vehiculiza través de la comunicación cuyo objetivo es crear confusión, culpa, alternando ternura y violencia, gratificación y amenazas veladas.

La mentira permanente del abusador aprovechándose de la confianza de la víctima inmersa en una relación desigual, altamente asimétrica “le hace creer al niño que es normal que la relación se organice de ese modo, puesto que en todas las familias los padres tienen relaciones semejantes con sus hijos. Los argumentos apuntan a que la víctima se crea que es la única beneficiaria o la única sacrificada del grupo. Esta impostura confunde a la víctima colocándola en un lugar ambiguo, creándole la “ilusión” de que es la destinataria elegida, la preferida, dotada de cualidades superiores a las de sus hermanos, la encargada de mantener el secreto y la unidad familiar. Para lograr este cometido el abusador utiliza un discurso conminativo que le impide a la víctima toda posibilidad de discernimiento, de reflexión.

En este sentido el abusador se reafirma en su propósito de apropiación y cosificación del niño dejándola inerme y obturando todas las posibilidades de salida. Esta situación, instalada en el tiempo, provoca en la víctima el denominado síndrome de acomodación del niño/a al abuso sexual infantil.

En este proceso de abuso el niño/a atraviesa situaciones confusas, ambiguas, indefinidas que lo llevarán a consolidar aquellos aspectos que el abusador persigue tenazmente: mantener el secreto, convencer al niño/a de que nadie debe enterarse aunque la víctima percibe que lo que está sucediendo no es bueno; introducirle el temor a la desprotección; este sentimiento le produce profunda angustia y ante la amenaza de perder el amor o la seguridad familiar continua sometiéndose sumisamente a los episodios sexuales previstos por su abusador.

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